Acostúmbralo a la teta… (parte 1)

Ya en el último mes de embarazo, mi madre llegó para estar conmigo en el gran momento, y ayudarme a preparar todo aquello que pudiera hacerme falta. Enseguida notó que no había comprado mamilas y me lo hizo notar. ¿Para qué?, respondí yo. Preparé todo para trabajar desde casa, así que no tengo necesidad de comprar mamilas si puedo amamantarlo yo misma. Días después llegó León.

En ese entonces no había investigado nada sobre lactancia materna, confiaba en mi instinto y en el apoyo de mi madre. No sabía, por ejemplo, que hay que pedir que no le den suero al bebé cuando nace. No me lo dijeron, pero supongo –más porque mi bebé nació por cesárea–, que le dieron al menos una mamila luego de nacer. Para fortuna nuestra, en cuanto me llevaron al bebé a la habitación, mi madre me lo acercó y me dio consejos sobre cómo iniciar la lactancia. León se prendió enseguida, y enseguida pareció preferir mi seno a la mamila. Aún así todavía tomó algunas más.

En cuanto empezamos a tener contacto con el mundo, el torrente de comentarios, consejos y sugerencias que todas las madres experimentamos –y, también, que todas las madres hacemos luego– no se hizo esperar. Los comentarios venían en dos tipos, generalmente: aquellos que me decían que no lo cargara mucho, y aquellos que me decían que lo cargara mucho porque luego ya no podría hacerlo, por ejemplo, y aquellos que me alentaban y me felicitaban por darle pecho, y aquellos que, primero sutilmente, y luego con mayor claridad, me decían que tenía que acostumbrarlo a “la teta”. Lo curioso es que, al menos en el norte de México, por “teta” se refieren a la mamila, es decir, a la teta artificial. No deja de parecerme gracioso y aprovecho cuando puedo la oportunidad para decirles que él siempre ha tomado teta, la original: la única.

Hay varios argumentos al respecto. Uno de ellos ha sido que es bueno que descanse del bebé de vez en cuando. Pues bien, la primera vez que acepté la oferta –todavía antes de investigar sobre lactancia–, dejé al bebé confiada en que, si tenía hambre, podíamos usar la fórmula que le habían dado en el hospital. El resultado fue desastroso: yo llegué a casa con dolor en los senos de tan duros. León, quien había tomado leche artificial ante el hambre, me pidió pecho en cuanto llegué a pesar de haber tomado la fórmula. En el transcurso del día se me fue aliviando el malestar en los senos: cada vez que mi bebé me pedía pecho yo lo agradecía sinceramente. Por fin, en la noche, nos fuimos a dormir los tres en nuestra cama: papá, mamá, bebé. Pero en un par de horas comenzó un llanto que no le conocíamos a nuestro hijo. Parecía querer comer, pero algo se lo impedía. De tanto buscar qué lo tenía tan molesto, su padre recordó la mamila de fórmula de la tarde, y descubrió que tenía inflamada su pancita. Entonces me dispuse a darle suaves masajes y a doblar sus piernitas, y así continuamos hasta que el bebé pareció encontrar alivio en ello. Dedujimos que esos son los famosos cólicos. Ha sido la única noche de desvelo y llanto en nuestra corta historia como papás.

Aprendimos la lección.

3 thoughts on “Acostúmbralo a la teta… (parte 1)

  1. Hola Xitlally!
    De vez en cuando entro a leer algunos posts por acá y me han gustado los tuyos, me recuerdan los días de lactancia exclusiva de Lucas, mi hijo. Al inicio en el hospital también le dieron algo de fórmula, pero no le dificultó la lactancia. luego de dos meses cuando tuve que “acostumbrarlo” a la mamila (casualmente por un viaje a tu país que debía hacer), fue un desastre total, lloraba mucho. odiaba la fórmula y la mamila. Funcionó mejor empezar a acostumbrarlo a la mamila con leche materna. quizá esa opción te funcione mejor en caso de que necesites hacerlo . En todo caso, los primeros 6 meses la separación es difícil para ambos. a mí me ayudó mucho aprender a extraerme leche y almacenarla, al igual que vos aprendí investigando por mi cuenta. 😉 saludos y un abrazo desde Nicaragua!

    • ¡Hola, Dane! Gracias por tu comentario. Pues, como contaré en otras entradas, tampoco funcionó la leche materna en mamila. Ahora que ya tiene seis meses ha aceptado mejor el vasito entrenador cuando tengo que dejarlo con su papá. Saludos hasta Nicaragua.

  2. Pingback: ¿Para qué un club de lactancia? | Bitácora de una manada

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