Acostúmbralo a la teta… (parte 2)

Uno de las presiones para usar teta artificial proviene, para mi asombro, de mi sobrina de cuatro años. Desde que nació su primo, me cuestiona una y otra vez cuándo tomará “su tetita”. También a ella le digo que mi seno es su tetita, pero ella replica: “No, pero la otra tetita. Los bebés tienen que tomar en teta.” Por eso, repito yo, esta es su teta.

Mi sobrina también me presiona para usar la carreola y la cuna.

Si lo pienso un poco, es comprensible su concepto de bebé. Para empezar, muchos bebés de juguete traen todo ese equipo: carreolitas, cunitas, mamilitas… De hecho, yo misma, antes de que naciera mi hijo, cuando pensaba en bebé tenía la asociación mental de esas mismas imágenes. Como los papeles y las bolsas para envolver regalos para bebés. En cambio, difícilmente una palabra como rebozo se me aparecía como primera opción. Y eso que mi madre nos amamantó y nos cargó en rebozo y canguro a mis dos hermanos y a mí. Y eso que mientra más veía a padres batallando con las carreolas en pasillos estrechos, elevadores, al subir o bajar del carro, más mi esposo y yo nos convencíamos de que no queríamos usar carreola.

Entonces veo que la presión viene desde que somos niñas.

Mi sobrina refleja también otra de las cosas que he observado, y es la contradicción entre lo que te dicen que debe hacerse y lo que se hace. Es decir, por un lado parece que lo que debe hacerse es no cargar tanto al bebé, pero por el otro todos quieren cargar a los bebés apenas ven a uno.

“Acostúmbralo a la teta, me dicen, así me lo puedes dejar.” Pero, ¿por qué voy a querer dejar a mi bebé? Precisamente, una de las enormes ventajas de dar el pecho, es que puedo llevarlo conmigo a todas partes, y estar segura de que siempre habrá alimento suficiente y listo para tomarse.

Así y todo hay ocasiones en que tengo que dejar a mi bebé. Aunque trabajo desde casa, a veces tengo que ir a reportar avances de mi investigación a la universidad, y si bien antes era sencillo llevar a mi bebé en el rebozo porque sólo dormía y comía, cada vez fue un poco más difícil.

Cuando ha sido necesario, me he extraído leche y la he dejado en diferentes biberones, algunos que prometen simular el seno materno, pero nada: León sigue prefiriendo aguantarse el hambre hasta que llegue yo. No sé si es que hemos errado en la temperatura de la leche o si es el biberón en sí, el caso es que no ha funcionado.

“Acostúmbralo a la teta”, vuelvo a escuchar. Pero, ¿tiene sentido?, me pregunto yo. ¿Para qué acostumbrarlo con diferentes técnicas a algo que no siempre tenemos necesidad de usar –unas tres veces en lo que va de sus seis meses? Además, he visto de cerca lo difícil que es quitarle el biberón a un niño a la fuerza, cuando ya empieza a afectar su salud bucal.

Elegí no hacerlo. El pediatra me sugirió otros métodos: un vasito entrenador, pequeñas cucharadas. El vasito funcionó mejor; además, mi bebé aprendió rápido que, mientras que al vasito sí lo puede morder y calmar su comezón, a mí no me gusta que me muerda.

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