De profesionista con doctorado a ama de casa

Algunas mujeres que son madres y tienen un trabajo remunerado fuera de casa se sienten ofendidas con términos tales como”mamá de tiempo completo”. De la misma manera, otras pueden molestarse con la distinción entre “madres que trabajan y madres que no”. Para mí, lo que está en el fondo de estos términos y estas distinciones es el descrédito de las mismas mujeres –por supuesto, no de todas– hacia las labores relacionadas con el hogar y la crianza de los hijos.

Al respecto, me parece muy ilustrativa una imagen que publicaron en un diario en ocasión al día de la mujer. La imagen mostraba a una mujer delgada, bien vestida y con labios pintados que sostenía, con una mano, una serie de globos con artículos de oficina y, con la otra, otra serie de globos con artículos relacionados con la casa y los hijos. ¡Menuda liberación femenina!, pensé: Ahora, para aspirar a una imagen de éxito ya no sólo basta con tener la casa limpia y ordenada, los hijos pulcros y bien educados, mantenerse delgada y bella, sino que es necesario además tener un buen puesto en alguna organización y un sueldo asegurado. A ello hay que sumarle, por si fuera poco, tener tiempo para hacer ejercicio y salir con las amigas regularmente, porque hay que darse tiempo para una misma.

Así, si una mujer llega a cierta edad soltera y sin hijos, aunque corra maratones y viva holgadamente, seguro que constamente se verá cuestionada sobre el matrimonio o la maternidad. De otra parte, si una mujer decide dejar su carrera profesional para dedicarse a sus hijos, igualmente se topará con cuestionamientos. En efecto, si un tiempo era mal visto que una mujer pensara en estudiar y trabajar, ahora parece que está mal visto que una mujer, sobre todo si tiene una carrera profesional, piense dedicarse exclusivamente a su hogar.

Recientemente terminé mi doctorado –¡Sí! ¡Logré mi meta, amamantando libremente y todo!– y por diversos motivos decidí posponer una búsqueda de empleo formal y sigo trabajando desde casa. Así que ya me tocó escuchar la frase que uso como título de esta entrada, y no precisamente como un cumplido. Lo más triste es que la escuché de una mujer que es, precisamente, ama de casa.

Si un ascenso laboral significa mayor responsabilidad, ¿por qué este cambio no es percibido como un ascenso? ¿Acaso criar a un hijo no es un trabajo con un impacto social altísimo? ¿Por qué una tarea parece ser importante sólo si puede medirse en términos financieros?

El poco crédito que suele darse a quienes se dedican a la casa y a los hijos se da tanto para hombres como para mujeres. Conozco también casos de hombres que trabajan o han trabajado, con remuneración o no, desde casa, y tampoco reciben mayor aprobación o menos cuestionamientos. ¿Por qué, entonces, tal descrédito al cuidado de un hogar?

Creo sinceramente que no trabajan más aquellos que salen de casa ni los que nos quedamos. Creo, más bien, que deberíamos ampliar nuestro concepto del trabajo y del éxito, y empezar a ver que hay muchísimas maneras –y no sólo una o dos– de formar un hogar y de ser feliz.