La maternidad y sus demonios

Creo que todas las madres tenemos nuestros propios demonios.

El mío, por ejemplo, es esa sensación de parto robado, una mezcla de emociones por no haber dado a luz a mi hijo solo con mi cuerpo y haber terminado en cesárea, cesárea respetuosa quizá pero cesárea al fin, un no sé qué que no termino de aceptar y procesar a ya un año de distancia.

Parte de esa mezcla de emociones incluye: me faltó valentía para confiar en mi cuerpo, me faltó tener a la mano más información para saber si realmente era mi mejor opción, siento que ganó el miedo de hacer algo que pusiera en riesgo a mi bebé y no la seguridad de hacer lo mejor.

Para otras madres y padres, esos demonios pueden incluir no haber podido amamantar, no haber cargado tanto a sus hijos por temor a malcriarlos, dejar sus hijos al cuidado de otras personas, en fin.

En cambio, con el tema de la crianza con apego yo he gozado de mucho apoyo de muchos frentes. Me siento afortunada y eso me permite vivir una maternidad plena y feliz.

Por eso, siento una especie de responsabilidad de compartir mis experiencias, de compartir la información que tengo a la mano y que, pienso, pueden ayudar a otros padres y a otras madres a disfrutar plenamente esta experiencia. Pero nunca con el ánimo de juzgar.

Al contrario. En todos estos temas me duele pensar en lo difícil que fue para mi madre su propia maternidad. No puedo regresar el tiempo y cambiar su historia, pero con suerte puedo ayudar a que su historia no se repita en otras mujeres y en otros bebés.

Estoy de acuerdo con la iniciativa de la paz entre las madres sin importar su propio estilo y sus propias decisiones, pero también creo que, si tuvieran el apoyo adecuado para enfrentar las dificultades de la maternidad y la información sobre los enormes beneficios del parto natural, de la crianza en brazos y de la lactancia materna, así como de los riegos que conllevan las cesáreas, la lactancia artificial y el forzar la independencia de los bebés, muchísimas más madres se animarían a confiar en sus cuerpos y en sus instintos.

Estoy segura de que, si así fuera, el porcentaje de madres que amamantan más de seis meses contra las que dejan de amamantar sería exactamente el opuesto al que es ahora.

No se trata de buscar una maternidad perfecta. Como escribí cuando estaba embarazada, me parece que de lo único que se puede estar seguros al momento de ser padres es que cometeremos muchos errores. Somos humanos. Y nuestros hijos también.

Es cierto que no podemos regresar el tiempo, pero sí podemos hacer cosas ahora para preparar un mejor mañana para otros hijos futuros o para futuros nietos. Me ha dado mucho gusto conocer a mujeres que no pudieron amamantar a sus bebés y que ahora llevan a sus hijas embarazadas a las reuniones de la Liga de la Leche para que ellas tengan más apoyo.

Me gusta pensar que con esto que escribo puedo contribuir a la tranquilidad y la felicidad de otros bebés y de otros padres.

Con todo mi amor.

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