Amamantar después de los dos años

Llegaron los dos años y todos, inclusive yo misma, nos preguntamos si León y yo continuaríamos con la lactancia materna. Por mi parte, investigué más a fondo sobre la lactancia después de los dos años y sobre el destete. Quise poner en práctica muchos de los consejos para un destete respetuoso, uno de los cuales propone no negar pero tampoco ofrecer. Sin embargo, en muchas ocasiones me vi a mí misma ofreciendo el pecho: para que se calmara porque estaba muy frustrado o porque estaba muy cansado (en ese cansancio particular de los niños pequeños que parece tener el efecto contrario al esperado). Entonces me relajé un poco y dije: bueno, si nos funciona todavía, sigamos.

Y seguimos.

Entre la primera mitad de este tercer año (de 24 a 30 meses, aprox) la lactancia materna me ayudó a sobrellevar la etapa de los berrinches.

Avanzada ya la segunda mitad (de los 30 a los 32 meses donde estamos), he encontrado que la lactancia se ha vuelto de lo más fácil. Es más, me atrevo a decir que es la etapa más fácil en cuanto a lactancia se refiere: ya no estoy todo el día amamantando, las tomas son cada vez menos frecuentes y de menos duración; mi hijo es capaz de esperarse y de entender si no puedo o no deseo amamantarlo en un momento determinado (porque estoy ocupada o tengo que irme al trabajo –he vuelto al trabajo fuera de casa–, porque no estoy en un ambiente favorable para amamantar en público –y menos a un niño de dos años–, porque traigo una prenda con la que es difícil amamantar, en fin); él mismo propone sustitutos si desea alimentarse o hidratarse pero también desea seguir en alguna actividad, y, sobre todo, es capaz de verbalizar lo que significa la teta para él.

No sé hasta cuándo seguiremos o qué pase mañana, pero cada día que pasa recuerdo lo afortunados que somos de vivir esta experiencia juntos, como familia: papá, mamá y bebé.

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