El destete… ¿qué? ¿Todavía?

Pues sí: hace ya siete meses que escribí mi última entrada, y heme aquí hablando de nuevo sobre destete. Y es que estos siete meses los pasamos igual que cuando escribí: con teta para dormir. Una que otra noche estaba tan cansado que apenas y me tocaba y a dormir. O lo impensable: que tomara y, de pronto, me soltara, me tapara y se durmiera. Lo cierto es que de un par de meses acá ya empezó la cosa a ser incómoda para mí. Mis senos han vuelto a ser considerablemente más pequeños y mi hijo más grande, y eso empezó a provocarme molestias y hasta dolor, sobre todo al inicio y cuando, ya dormido, me apretaba de más. Así que se lo expresé así a mi hijo y le dije que, francamente, yo ya no quería dar teta.

Por supuesto que a él no le gustó la idea: –¡Pero yo sí quiero!–me dijo. Y sentí muy feo. Pero luego pensé que en una relación sana debe ser satisfactoria para ambas partes, y que expresarle mi deseo es también enseñarle que nadie te puede obligar a hacer algo que no quieres hacer, y tampoco chantajearte. Le expresé que entendía que era difícil para él, que entendía que es algo que él disfruta, y que por eso había continuado dándole teta a pesar de que ya me era un poco incómodo, pero que también quería que él me entendiera a mí, y que hiciera la prueba: ya ha dormido sin teta algunas noches cuando se queda a dormir con sus abuelos, ¿por qué no ahora?

No les mentiré: lloró. Lloró y expresó su enojo con patadas a la colcha. Y yo sentí muy feo. Le ofrecí contarle cuentos, abrazarlo, cantarle canciones de cuna. Y al final aceptó eso: abrazos, cuentos y canciones de cuna. Y se durmió.

Así han sido nuestras noches: abrazos, cuentos y canciones de cuna.